
Es seguro que usted conoce a la fragaria, en cualquiera de sus especies: vena, collina o eliatos; planta rosácea de tallos rastreros, nudosos y con estolones; hojas pecioladas, vellosas, blancas por el envés, divididas en tres segmentos aovados y con dientes gruesos en el margen; flores pedunculadas, blancas o amarillentas, solitarias o en corimbos poco nutridos; y, fruto redondeado, algo apuntado, de color rojo, suculento y fragante, cuyo nombre común ha llegado a ser un verdadero sinónimo de Irapuato y; desde luego, su símbolo. Se trata, efectivamente, de la fresa.
Para nadie es desconocida la importancia que tiene la fresa en la vida de nuestra ciudad y de nuestro municipio. Sabido es que su cultivo, comercio e industrialización constituye una columna básica de la economía local, pues proliferan los campos sembrados de tan valiosa planta, así como las instalaciones industriales en donde la frutilla se acondiciona para ser llevada a los mercados extranjeros; todo lo cual se traduce en una substanciosa derrama de dinero en nuestro medio. Sin temor a sufrir equivocación alguna, se puede afirmar que la vida económica de Irapuato se ve gravemente afectada cuando, por tal o cual razón, baja el rendimiento de la fresa. En resumen, nuestros fresales proporcionan el medio de vida para multitud de familias, de ellos dependen muchos irapuatenses y han dado lugar incluso a la acumulación de grandes fortunas.
Gracias a su calidad, la fresa de Irapuato adquirió fama desde hace muchos años, primero en el ámbito nacional y ahora en el extranjero, al grado de que al hablar de fresas se piensa, casi necesariamente, en las fresas de Irapuato y se puede aseverar que al pronunciar la palabra "Irapuato" la evocación de la frutilla es automática, y viceversa; por eso dijimos antes que una y otra palabras han llegado a la sinonimia.
A los nativos de Irapuato se nos llama freseros y así se denomina también a los habitantes de la ciudad, aun cuando no sean oriundos de ella; freseros son los integrantes del equipo local de fútbol; tenemos anualmente la Feria de las Fresas; en fin, la fresa es una constante en la vida irapuatense. Pero, cabe preguntar, de dónde vino la fresa a Irapuato?, ¿Quién o quiénes la trajeron?, Quién la cultivó?, acaso es originaria de la región?, (cuántos irapuatenses podrían dar respuesta adecuada a las interrogantes anteriores, sobre todo de entre aquellos que están más íntimamente ligados a la explotación de la fresa? Sinceramente creo que no muchos. Vamos, pues, a dedicar unos cuantos renglones a tratar de contestar las preguntas que nos hemos hecho.
Según noticias que aparecen en los Apuntes Históricos de Irapuato, publicados por Genaro Acosta a principios del presente siglo, las primeras plantas de fresa fueron importadas de Francia a México en 1849, sin especificar el lugar en que se plantaron. Tales plantas, fueron posteriormente traídas a esta ciudad por el señor Nicolás Tejeda, quien fue jefe político del Distrito de Irapuato. Las referidas plantas se trajeron concretamente en 1852 y se les colocó en almácigo "al pie del bordo del río, frente a la morera y noria, en el terreno que aún se conoce por de Moussier". Este terreno corresponde, a lo que posteriormente se conoció por Santa Juliana, extensa huerta ubicada en la zona que actualmente cruzan las calles de Jalisco, final de Niños Héroes, Rihn y Prolongación de Francisco Sarabia, es decir la zona comprendida entre la actual calle de Guerrero y río Silao, al noreste de la ciudad. Como un mero objeto de curiosidad permanecieron las plantas de fresa, pues nadie sabía cultivarlas adecuadamente, hasta el año 1858, fecha en la que una persona, cuyo nombre se ignora, o al menos yo lo ignoro, adquirió a alto precio 30 matitas, de las que obtuvo, mediante un cultivo verdaderamente primitivo, una regular cantidad de frutillas, con las que se hizo en Irapuato la primera nieve de fresa, que vino a ser una novedad sensacional.
No obstante, el cultivo de la fresa no llegó a cobrar importancia, más bien dicho no llegó a hacerse con eficacia y, por lo tanto, no adquirió relieve en lo económico, sino hasta la década de 1880, época en que Oscar Droege, alemán radicado en Irapuato y excelente horticultor, vino a enseñar a los agricultores locales el cultivo técnico de la fresa, con lo cual puso ante sus ojos el filón de oro que ha llegado a ser. Las huertas sembradas por Droege se encontraban en terrenos de la hacienda San Juan de Retana, de ahí el cultivo se extendió a la de Buenavista, hacienda desde donde el licenciado Joaquín Chico González, propietario de la misma, a raíz del establecimiento del Ferrocarril Central, impulsó el comercio de la fresa, aprovechando la facilidad de comunicación con la capital de la República, con lo que vino a ser el explorador, la punta de lanza diríamos hoy, en los mercados nacionales. Las variedades primitivas de la fruta en cuestión han desaparecido, substituidas por otras que las mejoran; y los mercados, así como las superficies de terreno plantadas de fresa, los clásicos fresales, han aumentado en proporciones gigantescas, nunca soñadas por los señores Tejeda, Droege y Chico González, que quizá tuvieron la visión suficiente para calibrar la importancia de un cultivo como el de la fresa, pero quienes nunca imaginaron que esa importancia alcanzaría las dimensiones que tiene en nuestros días
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